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Una de las joyas artísticas que atesora la población ciudadrealeña del Viso del Marqués son los nichos sepulcrales que ornamentan los jardines del Palacio del Marqués de Santa Cruz.

Fueron diseñados por fray Alberto de la Madre de Dios (Santander, 1575 – Pastrana, 1635), arquitecto de los reyes Felipe III y Margarita de Austria, y de su valido, el duque de Lerma.

Es el verdadero autor del estilo barroco cortesano, que va a perdurar durante décadas en Madrid, y sobre todo del estilo carmelitano, que tendrá gran influencia en los conventos españoles, con repercusión también en América. Entre sus obras más importantes se encuentran el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, el Santuario de la Vera Cruz de Caravaca y la mayor parte de los edificios la impresionante villa burgalesa de Lerma.

Pero ¿qué relación tenía este arquitecto carmelita con los Bazán?

Pertenecía a una de las familias de armadores de barcos más importantes de la época, los Gutiérrez de la Puebla, de Santander, que proveyeron de diferentes buques a la corona. Esto sin duda, le abriría muchas puertas para su ascenso social y reconocimiento en la corte. Los Bazán como marinos debieron conocer a los de la Puebla como armadores de barcos. Tal vez, esto explica que Pedro de Escobedo, sobrino de fray Alberto, residiera en el palacio del Viso al servicio de los marqueses unos años después.

Por otra parte, era experto en el diseño de nichos sepulcrales, por lo que recibió el encargo de dos para la capilla mayor del desaparecido convento de concepcionistas franciscanas de la localidad. La mecenas fue doña María de Figueroa, mujer del ilustre marino don Alonso de Bazán, quien se encargó de finalizar la iglesia de dicho convento.

Como reflejan las inscripciones de ambas esculturas funerarias, cuya traducción recogemos, la viuda atendía a la voluntad de su esposo: Don Alonso Bazán, hermano carnal de Don Álvaro F, primer marqués de Santa Cruz, ilustre por su excelsa sangre y nobleza de sus antepasados, ilustrísimo por sus virtudes propias. Durante treinta años tomó a su cargo, por orden de los católicos reyes Felipe II y III, empresas guerreras casi innumerables, todas las cuales llevó a cabo con la mayor fidelidad, con admirable destreza y siempre con el favor de la Fortuna, cosa más admirable todavía. Fue jefe de la armada portuguesa y general de las naves del mar Océano. Murió en el año 1604. Doña María de Figueroa, su esposa piadosísima, cumpliendo el deseo de su marido, puso este testimonio de su eternidad.

Doña María de Figueroa, hija de don Gómez II y de doña María de Orellana, nieta de don Gómez I, duque de Feria, mujer, sin descendencia, de don Alonso de Bazán, reedificó esta iglesia y construyó estando en vida para sí y para su óptimo marido la capilla y monumento con rentas anuales y perpetuas obras. Año de 1614. El monumento es propiedad de los herederos.

En el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid se custodian las detalladas condiciones que dio fray Alberto en 1613, que completaban lo que los dibujos ya habían perfilado. En ellas expresa su deseo de que se pongan muchos elementos de una sola pieza, y muestra especial exigencia con el pulimento de los mármoles y tratamiento de las figuras.

El matrimonio aparece en posición orante y su luminosidad contrasta con el gris azulado de los nichos. Los bultos muestran extraordinarios relieves en los ropajes, llama la atención la cruz de Calatrava en el pecho de don Alonso.

El coste de los nichos fue de 24.000 reales, mientras que el trabajo de los bultos de los nobles fue de 11.000 reales, cantidades de importancia en la época, lo que evidencia el interés de la mecenas por construir una obra que buscaba la eternidad de la memoria de su importante familia.

En su origen, los nichos se disponían a ambos lados de la capilla mayor, como era habitual y vemos en Guadalupe o El Escorial. Cuando se instalaron en el patio se ubicaron en una única pared, sirviendo de monumento para el bello jardín en 1950, según indica una inscripción de cerámica conservada en la pajarera del jardín.

Orueta los estudió cuando todavía estaban en el convento. Las fotografías que publicó en 1919 evidencian que sufrieron posteriormente el vandalismo de la Guerra Civil y el abandono del edificio, por eso han llegado ligeramente dañados.

La obra de Fray Alberto se encuentra diseminada por la geografía de la española y portuguesa. Por ello, para estudiarla hay que consultar no solo los archivos españoles como el Archivo Histórico Nacional, el Archivo General de Simancas, o los eclesiásticos (Archivo Diocesano de Cuenca,  Archivo de la Catedral de Cuenca), sino también los portugueses (Arquivo Distrital de Évora).

 

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Para saber más, recomendamos consultar:

Archivo Histórico de Protocolos de Madrid

Archivo Diocesano de Cuenca

Archivo de la catedral de Cuenca

Arquivo Distrital de Évora

Portal de Archivos Españoles

GARCÍA MARTÍNEZ, J.L., y MUÑOZ JIMÉNEZ, J.M., 2022, Fray Alberto arquitecto (1575-1635): los inicios del barroco en España y Portugal, Toledo, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

HERRERA MALDONADO, E., 2006, “Antonio de Riera”, en Celosías, arte y piedad en los conventos de Castilla-La Mancha durante el siglo de El Quijote, Albacete, Empresa Pública “Don Quijote de la Mancha 2005, S.A.”. pp. 258-259.

ORUETA Y DUARTE, R., 1919, La escultura funeraria en España, Madrid.

 

Fotografías: José Luis García Martinez